martes, 28 de octubre de 2014

Daniel Gigena reseña "Parando en todas" para http://esmifiesta.cl

Libros: Parando en Todas de María Laura Frecha

Ambientados en la periferia de la ciudad de Buenos Aires, no siempre pero sí la mayoría de los relatos, los trece cuentos del primer libro de María Laura Frecha (Buenos Aires, 1960) sorprenden por su eficacia y por una escritura que, sin pretensiones vanguardistas ni ideológicas, adquiere a lo largo de la lectura un aura de clasicismo. Un clasicismo rioplatense, claro está, con giros coloquiales inconfundibles y una utilización de la lengua popular para beneficio de la trama. Cuenta también con un elenco de personajes de prosapias diversas: militantes, marginales, profesionales, trabajadores, exiliados en tiempos de dictadura militar. Cada uno de ellos, además de cumplir una función en las historias (que se asemejan a episodios de una historia mayor apenas insinuada), aporta la modulación y el acento que los define.

En “La peregrinación de los lisiados”, una parodia sobre la frustrada llegada de Perón a Ezeiza en 1973, narrada sin el humor grotesco en el que otro autor se hubiera zambullido sin dudarlo, el protagonista dice: “Las madres nos cebaban mate y empezamos con los bizcochitos de grasa porque tanto trajín nos había despertado un hambre que no sólo era de justicia”. O el diagnóstico sumario del fiscal desenvuelto del cuento “Relajadito”: “Todos tenían la misma historia. Ocho hermanos, seguro una puta y una boba. Padres desconocidos. Una madre que yiraba o limpiaba por hora, es lo mismo. Consumo y venta de merca mal cortada. Algún robo y quizás hasta algún hijo”. Hay también variaciones introspectivas y sutiles, como la de la madre que visita a su hijo, un preso político, a la cárcel de Devoto: “Él sacó un encendedor del bolsillo y prendió un rubio. Lo agarraba entre el pulgar y el índice con el mismo gesto con el que fumaba su padre. Ella prefería no mirarlo porque la voz era la de siempre y así podía pensar que era antes. Antes de esto. Pensar que aún había un niño en su vida, alguien de quien ocuparse para olvidar la repulsión del mundo”.


Frecha no rehúsa el sentimentalismo cuando la trama lo demanda: en el excepcional relato que abre el libro (y que le da título al volumen), varios narradores de varias épocas convergen en la Línea General Sarmiento, el ramal ferroviario que va de Moreno a Once. Allí trabajadores y desocupados (en la estación Liniers), enamorados y sátiros, burgueses y villeros se singularizan en una voz propia, reflexiva y errática. El relato “Parando en todas”, además de contar con una idea tan simple como bella, condensa en episodios en estaciones de tren años de historia argentina, de estilos literarios (que quizás se detienen en los primeros años 90) y de personajes que se hubieran convertido en emblemáticos si la escritura concisa de la autora no hubiera optado por la austeridad.

Parando en todas parece un caso de autora y de libro en el que las propias limitaciones -de invención, de recorte, de situación y de riesgos tomados- juegan a favor del resultado literario. Sin recursos ampulosos, sin ansias de moralejas (aunque sí hay una moral clara en la mayoría de los relatos, una moral que está favor de los que no cuentan con favores en el mundo) y sin apelaciones a la alegoría social, este primer libro recupera una tradición de la literatura nacional (contar historias convincentes sin concesiones) con algunas innovaciones formales y temáticas, como la introducción de ciertas cuestiones sociales (los “pibes chorros”, el genocida militar condenado por la justicia y por la sociedad de “Yerga el ande”, la simpatizante de Montoneros del impactante cuento final) atemperadas por las modulaciones elegidas y por un linaje heterodoxo y al que se alude discretamente: Charles Dickens, Leopoldo Marechal, Álvaro Yunque, el tango y Julio Cortázar.

Parando en todas
María Laura Frecha
Cave Librum Editorial

Daniel Gigena es escritor y periodista.

Nos entrevistó el sitio argentino-chileno esmifiesta.cl

Cave Librum Editorial: “el libro que muerde y contagia su rabia”


Gustavo Genez, María Laura Frecha y Diego Aristi López montaron Cave Librum Editorial desde el Oeste del GBA y desde ahí -ese parece ser su deseo- se expanden hasta la Capital Federal y ambicionan otras plazas del mercado argentino. ¿Tiene sentido construir una literatura desde los márgenes? ¿La narrativa actual atendió el proceso político de los últimos años? ¿Se puede editar sin subsidios? ¿Tiene todavía sentido escribir? Una charla no alcanza para contestar todo esto, pero sí para marcar líneas de pensamientos que nos permitan, a futuro, tomar una posición al respecto de lo que queremos leer. Con tres libros editados a pura inversión, decir a pura fe tampoco sería desacertado, Cave Librum intenta traer a la narrativa actual otras conversaciones. Está en ellos buscar los interlocutores necesarios para poder iniciarlas.


Ustedes fundan una editorial en base a la necesidad de hacer circular su obra y con la idea, a futuro, de hacer circular otros libros, otras voces. ¿De dónde surge esa necesidad? ¿Cómo toman la decisión de llevar adelante una editorial?

Gustavo Genez: Muchas noches, hablando, veíamos una franja huérfana de otros idénticos a nosotros, que por diferentes razones se encontraban desamparados como lectores y autores en el estado de cosas actual de la literatura argentina. Veníamos escribiendo y conversando hacía años, y al fin decidimos alzar la voz y publicar, ir a buscar a aquellos lectores que imaginamos. Cave Librum Editorial pretende expresar esa franja, ese espacio riquísimo en el que se escribieron nuestros textos y también busca ampliarse con otras voces.
María Laura Frecha: Es en este país, donde se lee poquísimo y se escribe casi sin pasión, donde se inicia la editorial. Escribimos porque no podemos dejar de hacerlo (al menos yo he intentado abandonarla, pero no lo consigo, regreso a sus brazos) y publicamos porque la literatura se nos impone como testimonio de este tiempo plagado de añoranzas y de premoniciones. Cargamos con lecturas que nos marcaron y apostamos a ese perfil “peligroso” de la literatura: el libro que muerde y contagia su rabia.
Diego Aristi López: El origen del nombre Cave Librum viene de esta idea. Cuando descubrieron Pompeya, muchos caserones tenían en la entrada la inscripción Cave canem: cuidado con el perro. Nosotros pretendemos editar libros dentados, libros que hayan sido escritos corriendo riesgos y dar con los lectores que estén dispuestos a tomar el desafío, a correrse un rato de un espíritu de época tan conservador y moralista como el actual. Esta es la aventura, y avisamos: cuidado con nuestros libros.
María Laura Frecha: Hay una Argentina que ya sólo existe en el recuerdo, donde era posible la esperanza y por la que algunos sentimos una profunda nostalgia. Al calor de esa nostalgia se escribieron los cuentos de Parando en Todas, un viaje por lugares y personajes que nos marcaron, por formatos diversos y multiplicidad de voces que permiten invocar aquel país perdido.

Sus ediciones son muy cuidadas, incluso en los detalles, siendo el más bonito incluir un señalador, pero mantienen un precio accesible. ¿Cómo logran ese balance cuando editoriales similares a la suya aumentaron, y mucho, sus libros?

Diego Aristi López: Es una apuesta, una decisión. Cuidamos los textos tanto como la calidad de las ediciones. Seguimos un formato, excepto en la colección de poesía que estamos por presentar pronto con El año que fui homeless, de Paula Novoa, que va a tener más libertades pero la misma calidad. Demostramos que se puede. El precio y las ediciones de Cave Librum invitan al lector curioso a animarse a llevarse los libros. También esto funciona como una especie de recompensa. Hemos tenido muy buenas experiencias, lectores que ya siguen lo que publicamos.
Por otra parte, no vivimos de esto. Tenemos nuestros trabajos. Sólo pretendemos recuperar para volver a invertir, que la editorial se mantenga. Para nosotros el desafío es encontrar y por qué no, crear a nuestros lectores, que los libros se muevan, los textos circulen.
Los precios a veces también expresan políticas editoriales. La nuestra es que el que quiera leernos, lo pueda hacer.

No cuentan con subsidios de ningún tipo. ¿Por qué?

Gustavo Genez: ¿Por qué deberíamos recibir un subsidio? ¿Porque somos buenos? ¿Porque somos pobres? ¿Para apoyar al gobierno? No nos interesa nada de eso.
Diego Aristi López: No compartimos la lógica de que el Estado deba subsidiar editoriales, ni cantantes, etc. Por otra parte, eso tiene un costo, está a la vista, que no estamos dispuestos a asumir nunca. Lo nuestro es más bien “atacar el espíritu público”, como diría Artaud, que ser cómplices del relato de turno.

¿Se puede participar en este momento de la cultura, en este caso de la literatura, sin ser oficialista? Por otra parte, ¿es relevante lo que diga un escritor en el ámbito de la política?

Diego Aristi López: Nosotros lo estamos haciendo. Hay que buscar el espacio y para nosotros el margen es amplio. Vamos a todos lados pero siempre a decir lo nuestro.
Por otro lado, creo que, en general, en la Argentina la enorme mayoría de lo que llaman “intelectualidad” es tan dependiente de los programas de los gobiernos y de ocupar espacios estatales de producción de imaginarios que no es percibida por la mayoría de la población más que como eso, una fábrica de relatos que justifican el poder.

El machismo en el ambiente literario parece ser una marca registrada, como si fuera una incorrección en el 2014 agredir a una mujer o denigrar a las feministas. ¿Ustedes lo notaron? ¿Cómo lo ven? ¿Es una muestra de cobardía o es la única “polémica” a la cual puede aspirar un, valga la redundancia, aspirante a escritor?

Diego Aristi López: Sin desmerecer el drama de la desigualdad y la violencia de género acá y en muchas partes del mundo, cuando estos temas ocupan el centro de la polémica hay que preguntarse siempre qué otras polémicas se ocultan con ella y por qué no se analizan todas sus causas tampoco. Y esto se relaciona con lo que venía diciendo sobre las relaciones con los estados y los subsidios.
María Laura Frecha: Tal cual. Con contradicciones secundarias muchas veces se intenta ocultar la fundamental.

¿Por qué parece ser tan necesaria la bendición de Beatriz Sarlo para los narradores jóvenes?

Gustavo Genez: No fui a la academia ni a la universidad. A Beatriz la conocí a través de las notas dominicales en la revista Viva y en suplementos culturales. No creo que su bendición o maldición sea algo importante para el que se toma el trabajo de escribir literatura. Es todo lo que puedo decir al respecto.
Diego Aristi López: La facultad forma lectores y está perfecto, más allá de las críticas puntuales que puedan hacerse. El problema es que no forma escritores, imposible hacer tal cosa, y muchos pretenden legitimarse desde allí. Eso causa situaciones risibles. Ojo, también pasa con algunos talleres literarios. Como sea, no es nuestro caso.

Hace poco Daniel Gigena señaló, con elegancia, que no se escribe bien en la literatura actual argentina y que no hay trabajo de edición o de corrección y eso se nota mucho. ¿Qué piensan de eso? ¿Lo notan? ¿Se escribe cada vez peor?

Gustavo Genez: Últimamente no leo las novedades, pero hojeo en las librerías y nada parece haber cambiado para bien.
Diego Aristi López: Sobre la edición ya respondí. Coincido en que falta corrección, trabajar el texto, como si la pulsión de escribir se hubiera trasladado a la exposición. Nosotros preferimos que hablen los textos, aunque claro, también hay que mostrarlos.

En general se pregunta qué autores empujan a un escritor a buscar su obra. Se podría preguntar también, ¿qué impulsos vitales o golpes de la vida los llevaron a escribir?

Gustavo Genez: La literatura estuvo siempre en mi vida. Presumo mi literatura como una devolución, una continuación de la escena, de esa experiencia circular que conforman la lectura y la escritura.
María Laura Frecha: Sencillamente, repito, no he podido dejarla y ya no creo que lo haga.
Diego Aristi López: La literatura es una trampa, una fuga condenada desde el principio. Si caíste en ella siempre estará ahí, y será una aliada exigente. Una biblioteca es la hoja de ruta de su dueño, lo delata. La escritura dobla la apuesta, alimenta ese juego.

¿Qué literatura argentina desean para el futuro?

Diego Aristi López: Una más honesta y esmerada.
Gustavo Genez: E irreverente…
Diego Aristi López: Sí, que provoque y cuestione.

¿Cuáles son los planes para el 2015?

María Laura Frecha: Bueno, antes de fin de año inauguramos la Colección Precipicios, de Poesía, con el libro de Paula Novoa, como ya dijimos.
Proyectos hay muchos, posiblemente alguno de los chicos repita y seguiremos sumando voces. Pero vamos edición por edición, porque nos interesa militar los libros, que la gente sepa que existen y los están esperando en las librerías.

Donde encontrar a Cave Librum
Vía Twitter 

Helena es argentina y tiene una banda que se llama Los Galgos. En Twitter @losgalgos
 
esmifiesta.cl
@holaesmifiesta



miércoles, 1 de octubre de 2014

Unas páginas para leer de "Parando en todas", libro de relatos de María Laura Frecha


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